Gorka

Gorka es una historia creada por el Taller de Kiro, del que yo formo parte. Es una historia sentada por el profesor, pero desarrollada por los mismos alumnos. Todos aportamos bocetos o aspectos del mismo personaje principal. Yo principalmente estoy en el rol de guionista (aunque preferiría tener a alguien más escribiendo tamién, pero nadie se animó todavía). Bueno, lo que yo les voy a dejar acá es el argumento que yo escrbí, y que aún sigue en desarrollo. Si quieren ver los dibujos y deseños que se hicieron, entren al blog de Gorka (link abajo on en la barra lateral). Espero que les guste. Luka

Links:

Kiro

El taller

Gorka

Nota: yo al personaje lo renombré “Gork”, y aunque Kiro mi profesor no lo acepte, para mi siempre va a ser Gork.

Gork

Introducción:

Cuando la Tierra pasaba por la mediana edad, las guerras entre reyes y señores feudales eran constantes. La pelea que desatará toda nuestra historia será la batalla entre los hunos y chinos.

Los hunos establecieron un campamento cerca de una aldea china, no muy lejos de la Gran Muralla, donde el ejército de esta los estaba esperando con anticipación. Entablaron batalla por seis días y seis noches. A la mañana del sexto día, los hunos decidieron que ya no podían compararse con los chinos y huyeron temporalmente. Llamaron a sus sabios (los cuales habían sido secuestrados de un barco Vikingo), los cuales invocaron la magia antigua del norte, con la que llegó un espíritu salvaje, el cual les sirvió para emparejar la batalla.

Los hechiceros advirtieron a los hunos que ni ellos ni nadie podían controlar el espíritu sagrado de Nask-A Dhul (lo que en la lengua antigua del norte significaba “Espíritu del Crepúsculo”). El ejército huno no quiso escuchar, y ordenó la muerte de todos los sabios que hubieran intentado detener al espíritu.
La guerra se reanudó ferozmente. El extraño espíritu salvaje, corría entre el ejército contrario y mataba a todo lo que se le cruzaba. Pero el espíritu destruía todo y a todos, de ambos bandos.
En medio de la guerra, solo quedaba un guerrero huno, al cual se le aparecieron los espíritus de los hechiceros. Purificaron el espíritu de Nask-A Dhul a costa de la vida del último guerrero. Este dijo antes de morir, que su linaje no acabaría ahí. El espíritu se levantaría en generaciones futuras y el sello de purificación se rompería, destruyendo a toda la humanidad. El desdichado hombre se desploma sin más decir.
Las personas que aún cuentan esta antigua historia, dicen que el espíritu tomó la forma de un cazador meta-humano; otros dicen que se convirtió en una bestia gigante que duerme en una cueva lejana y desconocida por el hombre. Se lo suele relacionar con leyendas como Pié-Grande o el abominable Hombre de las Nieves. Lo llaman Gork (“bestia”, en la lengua nórdica olvidada), a falta de un mejor apodo.
Todos los siglos renace en un país o región diferente. Actualmente, nadie sabe donde se encuentra. Pero la historia que sigue, relatará lo que quedó en el olvido. El corazón del enigma surgirá de nuevo y todo el deber quedará en manos del que menos se esperen…

Argumento:

Capítulo 1: Pehuén el tonto
Pehuen caminaba por un sendero rodeado de árboles. Hacía rato ya había dejado atrás el Lago Lolog. Era una hora cercana al mediodía. Se dirigía a casa de su tío, en plena cordillera. En el pueblo lo habían llamado tonto, inútil e inservible. No lograba hacer nada bien. Incluso su madre se cansó de su inutilidad y decidió enviarlo con alguien que no solo lo haría trabajar, sino que le enseñaría el oficio de la carpintería.
Pehuen consideraba a su pueblo anticuado. Comparado con las enormes y modernas ciudades que se encontraban muy lejos. El solo había podido contemplarlas una vez.
El era la clase chico que se distraía con cualquier cosa. Pero esta vez encontraría una buena distracción.
El calor del verano lo estaba matando, y su pequeña mochila parecía pesar más que el. Su único consuelo era poder sostenerse con su débil bastón de ramas.
A mitad del camino, Pehuen encuentra unas enormes pisadas y decide seguirlas.
En un momento, las pisadas se esfuman. Pehuen mira a su alrededor, pero no ve nada. Detrás de un recodo algo se mueve. El chico solo ve una enorme figura rascándose la cabeza. Esta se de vuelta y mira con unos enormes e inexpresivos ojos grises. Tiene una extraña piel verdosa.
Pehuen retrocede rápido, pero al fijar la vista, se da cuenta de que la bestia desapareció.
En eso se da cuenta de que llegó al pueblo de su tío. No tarda mucho en encontrarlo.
Pehuen comienza su primer día de trabajo con su tío, tratando de olvidar a la bestia misteriosa.
A la mañana siguiente, Pehuen ve pasar a un viejo, el cual se queda paralizado al verlo y se va corriendo precipitadamente. Una bella chica de la edad de Pehuen se le acerca y le dice que ese viejo estaba loco y su inestabilidad mental solía basarse en los nuevos habitantes que llegaban al pueblo. La chica se presenta como Ana. Pehuen queda perplejo cuando ella se marcha y continúa su trabajo distraídamente.

Capítulo 2: La profecía de la bestia
Pasa una semana. Pehuen está transportando heno, cuando ve pasar a Ana y se oculta solo para verla. Esta pasa sin darse cuenta de nada. El cautivado chico se levanta con dificultad, A causa de esto empuja una carretilla y tira una pila de troncos, que caen sobre una parte de el taller de la granja. Sin preámbulos, suelta el heno y sale corriendo. Corre mientras piensa en como se volverá a enojar su tío por otro error catastrófico.
Se mete en un granero cercano. Fingirá salir unos minutos más tarde para que parezca que no tuvo nada que ver con el desastre en la granja. El granero está a oscuras. Pehuen se da cuenta de que en su apuro, no había entrado en el granero; había entrado en la casa de al lado. Quiso salir precipitadamente, pero la puerta no se abre. Una voz aguda y quejumbrosa le pide que se acerque. El muchacho, asustado, se da vuelta y ve un fuego. Junto al fuego se encuentra el viejo loco del otro día. Pehuen hace amague de salir corriendo, pero el anciano le pide que se acerque y le dice que todo está bien. El viejo coloca las manos junto al fuego. Un pequeño pañuelo rojo y raído le cubre la mano derecha, como si disimulara una herida.
El anciano arroja unos polvos al fuego y comienza a recitar algo.
“A todo y a todos. La profecía está cerca. Nadie podrá detener al espíritu en su estado liberado. Solo en su temperamento neutral puede ser controlado. Solo en un lugar puede ser atado. Solo una persona puede domarlo. Pero esa persona siempre será la que menos se esperan.
‘No se molesten en buscarlo. Si el lo decide, lo verán. Si el se enfada, morirán. La gran bestia los mirará, pero no comprenderá sus fundamentos. Solo verá sus mentes.
‘El conjuro se teñirá del color de la sangre en la piel de un inocente.”
Pehuen se asustó cuando el viejo le dirigió una mirada perdida y glacial.
“Tú muchazo. Ayuda a esta Tierra. Toma tu bastón y doma a esa bestia.
‘Ya lo sabes. Recuerda mis palabras. Recuérdalas, y si vuelves a ver a Gork, arriésgate, o corre como un cobarde.”
Pehuen sale corriendo de la casa sin escuchar nada más. Cuando se alegra de estar fuera, se da cuenta de que no se salvará de la mirada asesina de su tío, y menos de su castigo…
Medianoche. Altamar. Tormenta. Desesperación. Una tripulación del norte intenta vanamente sostener las débiles velas de su último navío. Un rayo parte el cielo en dos. La vela se parte. Mueren muchos marineros. Un hombre de la tripulación rescata uno de los botes salvavidas y mete a su esposa y a sus dos hijos en el. El bote se aleja. El barco se hunde.

Capítulo 3: En el bosque
Pehuen está encerrado en su cuarto, haciendo trabajos manuales. Su tío lo confinó una semana de castigo por el desastre del taller. El pobre chico está impaciente por salir. Piensa en escapes muy tontos e imposibles. Su tío entra en la habitación para decirle que se va a pescar por solo un par de horas. Cierra todo con llave y cerrojos grandes.
Pehuen se levanta rápidamente. Fuerza todas las cerraduras pero ninguna se abre. Después de un rato, encuentra un pequeño alambre, con el que abre una de las pequeñas ventanas de la cocina.
Decide ir a explorar el bosque hacia el lado contrario del Lago Lolog, porque sabe que ahí estará su tío. Corre y corre entre los árboles. Luego de un rato, se sienta a descansar, cuando siente un retumbar de enormes pies. Un montón de ciervos pasan corriendo. Pehuen había confundido las pisadas. Pero de repente, una flecha corta el aire y para justo en frente de Pehuen. Otra vez las pisadas. El muchacho no la había confundido
Se da vuelta precipitadamente y ve lo que esperaba no encontrarse de nuevo. La enorme bestia que el había creído ver días atrás pasa y recoge la flecha. Parece que no ve al chico. Este intenta moverse pero el monstruo gira la cabeza. Pehuen se paraliza. El extraño ser pone la flecha en el arco y dispara contra los ciervos. Falla. Parece solo un cazador.
Pehuen, por muy tonto que sea, es observador. La criatura es zurda y lleva una cicatriz en la cara.
Sin más pensarlo, el chico sale corriendo. La bestia parece notarlo, ya que también hace amague de correr, pero es más lenta. Pehuen corre desesperadamente. Zigzaguea entre árboles, salta arbustos, gira en varias direcciones. Cuando está seguro de que perdió a la bestia aminora el paso y mira hacia atrás, pero choca contra algo macizo. Lo último que ve, son unas grandes manos y unos ojos grises y gélidos. Luego todo es oscuridad.

Capítulo 4: El Valle de la No-Realidad
Pehuen recupera la conciencia. Siente que está acostado sobre algo blando. Abre los ojos. Árboles. Muchos árboles a su alrededor. Solo ve vegetación. Pero algo anda mal. Todo está muerto. Seco. Una capa de nieve cubre todo ¿Cómo era posible en verano? El mismo muchacho está tirado sobre la nieve, pero no siente frío. Nada tiene sentido.
Pehuen levanta la vista esperando ver un templado cielo nublado. Es de noche. Pero eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando entró al bosque.
No hay estrellas en el cielo, solo unas extrañas luces que partían desde puntos diferentes y terminaban en un mismo centro, más allá del horizonte. Parecían auroras.
De repente, un ruido de pisadas. Pehuen se da vuelta. Nada.
Una extraña voz, entre tranquila, pero inhumana, le habla. “Ven”. La extraña criatura está frente a el. Detrás de esta se ve un sendero el cual bordea una especie de lago congelado y se pierde en la distancia.
“Sígueme” dice la bestia y se va caminando por el sendero. Parece cansado.
Después de una larga caminata, el bosque pasa a convertirse en un estrecho camino rodeado de montañas y el lago congelado desaparece de la vista.
Pehuen camina entre los helados riscos siguiendo al extraño ser.
El camino termina en un precipicio. El lago reaparece transformado en una cascada de hielo. Solo picos y esquirlas filosas le esperan al que caiga.
“No tengas miedo”. El extraño ser parecía caminar sobre el aire.
Pehuen contuvo el aliento y siguió caminando. Pero al segundo, el también caminaba por los aires.
Pareciera que el camino ya estaba marcado, ya que ascendió un poco y se introdujo en la base de una gran montaña.
Dentro había un fuego. En el fuego se reflejaban unas imágenes. Pehuen las contempló atentamente. Eran imágenes tan nítidas que podía comprenderse perfectamente que sucedía.
Un grupo de ancianos flotaba frente a un moribundo hombre. Este último tenía un extraño tatuaje en el cuerpo. El anciano del medio lo apuntó con el dedo y el hombre de desplomó.
Un haz de luz cegó a Pehuen, y otra vez toda quedó a oscuras.

Capítulo 5: El Sectus Imperius Phaedros y la revelación crucial

Pehuen despierta. Está en su habitación. Siente su cabeza rodar. Ve las manualidades a medio terminar sobre la mesa. Tal vez se quedó dormido del aburrimiento. Pero luego recuerda el suceso del bosque y del extraño valle con la bestia.

Se asusta, pero no por la bestia. Si está en su habitación, significa que su tío lo encontró en el bosque, y eso lo llena de terror.

El chico se levanta forzosamente para ver como se encuentra frente al espejo. No tiene puesta su camiseta. Tiene un pequeño rasguño en el hombro derecho.

Cuando se acerca al espejo, suelta un grito de terror. Un horrible y puntiagudo tatuaje de color rojo, le recorre todo el brazo izquierdo y el pecho, casi hasta su cuello.

Luego recuerda esas terroríficas palabras.

“El conjuro se teñirá del color de la sangre en la piel de un inocente.”

El viejo tenía razón

De repente escucha de Juan (su tío), que pregunta que pasó. Pehuen se apura a ponerse la camiseta. Considera que es mejor ocultarle el tatuaje a su tío.

Este entra precipitadamente en la habitación, para encontrar ya repuesto a su sobrino, y volverlo a castigar.

Una semana después, Pehuen se las arregla para escaparse otra vez.

Demasiado le había costado ocultarle el tatuaje a su tío. Debería averiguar por que lo tenía y como debía quitárselo.

Se dirigió directamente a la casa del viejo y entró sin golpear.

El viejo lo estaba esperando de ante mano (ya demasiado raro era ese tipo).

Pehuen se quitó la camiseta y le mostró al viejo lo que tenía en el pecho.

Este último le contó la historia de la bestia que encerraron los viejos sabios del norte. Luego de asesinar al último de los hunos. El último guerrero había jurado que la bestia se levantaría de nuevo, liberada por el ser humano mas inesperado de la Tierra (exceptuando bebes; plantas; mujeres; peces; animales, mamíferos u ovíparos; microbios; bacterias y cualquier ser u organismo político relacionado con el peronismo). El tatuaje representaba el sello.

Sin este la bestia se liberaría y la maldición del huno se propagaría por la Tierra.

Pehuen recapacitó. Aquello que la bestia había querido mostrarle desde el principio, era su encarcelamiento. En aquel lugar, que ahora no cabía duda que se encontraba en lo más profundo de su mente.

Gork. Así se llamaba ese ser, según el viejo (y no Gorka, como lo andaba divulgando un malvado y viejo brujo llamado Kiro, aunque esa es otra historia). La bestia del crepúsculo.

Tranquilo como el agua, pero al mismo tiempo poderoso como para desaparecer la Tierra. La maldición atravesaba su corazón, aunque lo mantenía en un estado neutral.

Pehuen acribilló a preguntas al viejo. ¿Quién era el? ¿Por qué sabía tanto? ¿Cómo se quitaba el tatuaje? ¿Cómo calmar a la bestia?

El viejo le dijo que aún no era necesario revelar su identidad. La bestia le revelaría a Pehuen el secreto de la liberación a su debido tiempo. En tanto el tatuaje (al que se lo denominaba Sectus Imperius Phaedros) solo podía ocultarse.

El viejo murmuró algo ininteligible y el tatuaje desapareció.

Pehuen ya podría volver tranquilo a su casa.

Al salir, intenta infiltrarse a la casa, pero es encontrado por su tío. Este lo vuelve a castigar.

Capítulo 6: Sueños

Pehuen está construyendo una nueva repisa para su tío como castigo. Se siente tan cansado de estar castigado que volvería a escaparse, pero sabe que si lo hace volverá al confinamiento.

Esa noche, ya sumido en lo más profundo del mundo de los sueños. Pehuen camina por un oscuro sendero. No siente que camina, pero lo hace. No siente las piernas, pero sabe que se está moviendo. Su mismo ser se siente suspendido en un limbo que discurre entre su mente y sus sueños. Pero aún así el se dirige hacia un determinado lugar. Solo que no sabe adonde, ni para que.

En un momento se detiene. Su cabeza vuelve a la realidad. Ya está consiente, pero sigue atrapado en ese sueño oscuro.

Otra vez vuelve a suceder algo de lo que ya estaba harto. Gork. Que esa cosa no se cansaba de seguirlo.

Pehuen, armado de valor. Le pregunta a Gork que es el.

La conversación inicia. No se puede describir con palabras exactas lo que Gork le dijo a Pehuen, ya que no parecía su voz la que hablaba. Sus labios se movían, pero era su ser mismo el que se expresaba.

Lo que dijo Gork concretamente, fue esto:

“Tienes muchas dudas, lo se. No hay palabras de perdón para compensar el sufrimiento que, no puedo ocultarte, te va a ocasionar ese maldito sello.

‘Supongo que quieres saber el por qué de todo. La verdad es confusa. Yo por mi parte, no tengo recuerdos sólidos de mi vida pasada. De antes de que me convirtieran en lo que soy ahora. Solamente recuerdo una cabaña en la nieve y un barco alejándose. En cuanto a esta vida. En realidad deambulo por el tiempo. Veo reflejos de generaciones y generaciones de humanos que me exiliaron a causa de mi estado natural.

‘Si puedo decirte que el simple hecho de una lucha de poderes impulsó los malignos actos que me llevaron al estado superior. Un estado de trance total en el que solo puedo expresarme a través de este mundo. El mundo que solo la persona que yo elija puede alcanzar. El Mundo de los Sueños.

Te habrás dado cuenta de que no me puedo hablar en el mundo físico. Solo puedo hacer gestos los cuales, junto con mi aspecto, me otorgan la apariencia de una bestia. Esa es la razón de vivir oculto, y la razón por la que nunca intenté encontrarte en tu pueblo.

‘Ahora que ya sabes todo lo que era importante, no hay razón para que vuelva molestarte, hasta que sea el momento de revelarte el secreto. Por lo menos podrás vivir una vida más normal y tranquila. Así que, me despido.”

Pehuen contuvo el aliento tres segundos.

“Espera”, dijo de repente. Gork se estaba alejando y el sueño se desvanecía bajo una leve niebla.

“Voy a volver. Te juro que voy a volver”

“Lo dudo” responde Gork.

“¡No!…Espera…Espera…esp…”

Pehuen cae hacia atrás, y siente que a su espalda algo duro y rocoso le araña la espalda. Y…Otra ves, oscuridad absoluta…

Capítulo 7: Normalidad

Pehuen despierta. Se siente perfectamente normal pese a su última incursión al Mundo de los Sueños.

Siente un tumulto fuera de la casa. Se pregunta que será. Juan entra en la habitación de su sobrino con otro hombre más alto.

Al verlo despierto, suelta un grito de alegría. Pehuen no entiende nada. El hombre más alto resulta ser un doctor. Este le explica la preocupación de Juan con respecto su estado de salud. Pehuen pregunta cual es el problema. Su tío le revela que estuvo inconsciente dos días. El doctor había estado visitándolo en los días anteriores. Supuestamente, Pehuen había entrado en un extraño estado vegetativo. No se encontraba en ese mundo, pero seguía milagrosamente vivo.

El extrañado chico mira por la ventana de su cuarto, y ve a casi toda la gente del pueblo amontonada en su puerta. Delante de todos, se encuentran Ana y su padre el granjero José.

El echo de que Ana se preocupara por el lo enterneció. Ella parecía tener una expresión realmente preocupada.

Aunque ese amontonamiento de personas duró poco después de eso. Ya que Juan comunicó a todos que Pehuen había despertado. Fue una situación algo incomoda, pero enseguida se recuperó, ya que a partir de ese día todo continuó más o menos normal.

El y Ana se hicieron buenos amigos, y cuando Pehuen no estaba castigado, salían a explorar el bosque, ayudaban en la granja del padre de Ana, o iban a pescar con Juan.

En realidad, para Pehuen, Gork ya no existía. El vago recuerdo de su presencia se había desvanecido y solo quedaban recuerdos felices.

Por primera vez, Pehuen se sentía en su hogar.

Capítulo 8: La nueva travesía

Pehuen duerme. Pero no sueña, intenta. Desde que Gork le habló, pareciera que hubiera bloqueado el camino hacia el Mundo de los Sueños. Todas las noches, Pehuen intentaba entrar de nuevo en ese fantástico y extraño mundo, pero cada vez que lo intentaba, oía un ligero eco que sonaba así como “Buen intento”.

Una tarde, el chico junto con su amiga Ana, estaban recorriendo el bosque. A Ana le habían pedido que recolectara unas raíces que su padre necesitaba para cultivar unas semillas especiales. Pehuen se había ofrecido a ayudarla.

Una vez que encontraron las raíces, las guardaron pero no volvieron, sino que siguieron recorriendo un poco más. En un momento llegan a un árbol especialmente viejo y robusto. A Pehuen le resultaba familiar aquel lugar. Hasta que se acordó de su segundo encuentro con Gork. El chico se encontraba recostado contra aquel árbol.

Intenta tocarlo, pero se da cuenta de que una especie de calor, que no precisamente proviene del fuego, lo rodea. Puede tocarlo, pero siente un ligero cosquilleo en la piel. Le dice a Ana que también intente tocar la corteza. Ana le pregunta que puede ser, entonces el chico tiene una idea.

El nunca supo por qué quedó en coma durante dos días, pero supuso que el gasto de energía provocado por el pasaje al Mundo de los Sueños provocaba un inmenso agotamiento. Después de todo, cuando despertó después de haber estado en aquel extraño valle, notó que habían pasado muchas horas desde que había entrado al bosque.

Supuso que aquel árbol debía poseer la energía que Gork había dejado en el. No tenía idea de porqué, pero estaba casi seguro de que cuando Gork rozó aquel árbol con su flecha, este quedó cargado de su energía espiritual.

Si ambos colocaban sus manos en el árbol y se concentraban, talvez podrían ingresar en el Otro Mundo. No era necesario dormir, ya que uno puede soñar despierto.

Pehuen le contó a Ana su historia con Gork, sus encuentros y sus visitas al Otro Mundo. Esta no le creyó nada, pero el le dijo que si lograban lo que el se proponía en ese momento, iba a probar su teoría.

Ambos debían tomarse de las manos, y tocar el árbol. Ana se ruborizó, talvez había malinterpretado el gesto. Aún así lo hicieron. Ambos debían concentrase en estar en el Mundo de los Sueños. Debían salir de la realidad.

Pehuen comenzó a sentir el cosquilleo de sus manos por todo el cuerpo y le pareció que sus pies abandonaban el suelo. El y Ana se estaban elevando en el aire. ¿Podría haber funcionado? Talvez…

Capítulo 9: Encrucijadas

Pehuen siente que se hace mil pedazos, pero siente una gruesa capa de nieve bajo su cuerpo. Sonríe. Ana se encuentra a su lado ya repuesta y sacándose la nieve de la ropa.

El chico tenía toda la razón y ella tuvo que admitirlo.

Aunque había nieve, no era el valle que Pehuen había visitado. Se parecía mucho, pero había menos árboles y el cielo se encontraba negro.

Se encontraban en la entrada de una cueva. Talvez había que entrar. Más allá de los árboles que había, estaba la base de una montaña. No se podía salir. Solo les quedaba adentrarse en la profunda y oscura caverna.

Después de un rato discutiéndolo, entraron. Estaba oscuro como boca de lobo.
No se veía nada, ni siquiera se veían ellos mismos, pero aún así mantenían un camino fijo.

Cuando por fin se logró divisar algo, se dieron cuenta de que caminaban por un estrecho y perfecto sendero marcado. Entonces Pehuen volvió a tener recuerdos más concretos de aquel lugar. El no había hablado con Gork en un camino en medio de la nada. El se encontraba dentro de esa cueva, pero no logró divisar bien las paredes.

Había una fogata encendida, pero nadie alrededor.

Se escucha un ruido estruendoso. Ni un movimiento por parte de los muchachos. Diez segundos después, la entrada estaba bloqueada.

Pehuen y Ana intentaron excavar, pero era demasiada tierra y rocas. Podrían estar ahí todo el día y talvez más excavando, o deberían adentrarse más en la cueva por si había otra manera de salir…

Capítulo 10: En la cueva

Pehuen y Ana se dieron cuenta de que no había caso, no podían excavar. Deberían adentrarse en la oscura cueva, aunque eso implicara un montón de riesgos.

Sin más preámbulos, empezaron a caminar. Sin importar cuanto avanzaran, la luz no aumentaba. Se estaban empezando a preguntar si la cueva tendría fin, ya que en el Otro Mundo todo era posible.

En un momento, era más aburrimiento que miedo. Ana se puso a parlotear sobre lo tonto que era Pehuen; que debieron quedarse afuera; que talvez deberían haber intentado excavar o quedarse junto a la fogata.

Pehuen solo escuchaba “Bla, bla, tonto…Bla, bla, fogata…Bla, bla, afuera…”. Era realmente insoportable. “Tonto, fogata, afuera”. Eso le dio una idea (¿Por qué no habrá tenido esas ideas tan ingeniosas en casa de su madre? Iba a empezar a venderlas por televisión). Solo debían volver a la fogata. Al explicarle esto a su amigo, ella parloteó “Bla, bla, idiota”.

El trayecto de regreso fue menos tedioso que el de ida. El cansancio era menor.

Después de un rato lograron divisar la fogata lejana. Caminaron hacia ella, pero había algo raro. Caminaron diez minutos y la fogata parecía estar en el mismo lugar. Pasó una hora completa y la fogata no se acercaba. Algo extraño pasaba.

Pehuen comenzó a escuchar una voz en su cabeza:

“Creíste que no me iba a dar cuenta. Te quisiste burlar de mí, aunque sabía que encontrarías la manera de volver.”

Una masa grande y verdosa se materializó ante Pehuen y Ana, los cuales chocaron desprevenidos.

Gork los miraba con expresión severa. Ana quedó plasmada con la impotente presencia del extraño ser.

Este les dice que el tiene el poder de predecir futuros cercanos. El sabía que la persistencia y la testarudez de Pehuen lo harían volver al Mundo de los Sueños. Aunque el también había visto que sus intentos serían cada vez más frecuentes y peligrosos, de manera que lo único que quedaba hacer era facilitarle el camino.

Pehuen trataba de articular una excusa pero Gork ya se había anticipado y le dijo que tiene una misión para el.

En unos segundos se vieron frente a la fogata. Los tres se sentaron alrededor. La gran criatura les dice que tendrán que enfrentar muchos riesgos y ser muy valientes ya que estarían solos. Pero ellos tienen que decidir.

Ana no está segura. Pehuen está más que ansioso en decir que si. Los muchachos comienzan a discutir, pero terminan por decidir que si esa misión era tan importante, debían hacerlo. Aunque ¿como saldrían?

Gork les dice que de esos asuntos no deben preocuparse. El se encargará de sacarlos si tienen muchos problemas. Los muchachos solo tienen una última pregunta ¿Cuál es la misión?

Capítulo 11: El amuleto encomendado

Después de unos momentos en silencio, Pehuen no pudo evitar con euforia que de que se trataba esa misión. Gork les cuenta una historia:

“En los tiempos de las batallas medievales, una bestia surgió. Después de encarcelarla tenían que ocultar la llave, pero alguien que no debía, escuchó esa historia y también su ubicación. Pero no su ubicación exacta. Solo obtuvo pistas.

Generaciones tratando de encontrar esa llave, pero nunca tuvieron suerte, porque estaba en un lugar lejos de su alcance. Un lugar a donde solo pocos podían entrar.
Esa llave era un amuleto. Un amuleto que purificaría y liberaría por completo al mundo del alma de la bestia. Solo así esa criatura descansaría en paz del mundo y viceversa.”

Pehuen y Ana quedaron impresionados. No era necesario preguntar donde se encontraba el amuleto. Era obvio que estaba en ese mundo. Pero ¿como salir de ese mundo?

Gork les explica que si caminan en la dirección contraria de la que vinieron podrían salir del hechizo del laberinto y llegar al Bosque del Oeste. Desde ahí doblarían a la izquierda y seguirían un camino recto. Gork les dice que después de eso, Pehuen sabría que hacer. Este le pregunta como, pero la bestia se esfuma.

Los muchachos parten en la dirección que se les dijo. Después de caminar un rato, logran divisar una luz. Una luz que perecía ser el resplandor de la nieve.
La luz se iba acercando, pero había algo más.

Cuando por fin llegan a la salida, una extraña figura encapuchada se les aparece. No parecía tener rostro visible, pero los miraba con una expresión siniestra, ya que sus blancos ojos lo decían todo…

Capítulo 12: El usurpador

Gork se encuentra meditando en el bosque. Su espíritu se encuentra en el Otro Mundo, pero su cuerpo aún permanece en la realidad.
De repente abre un ojo. Se levanta abruptamente. Algo no anda bien. La esencia de Pehuen y Ana se desvanece. La enorme criatura sale corriendo a toda velocidad. Los árboles caen a su paso si es que son un obstáculo.

Tenía que llegar. Las esencias de los muchachos eran cada ve más débil. Cuando por fin logró llegar al lugar donde estaban los cuerpos.
Una figura alta y encapuchada sostenía al inconsciente cuerpo de Pehuen. Parecía que la callosa mano del extraño extraía la vitalidad del muchacho.
Cuando notó la presencia de Gork, se dio vuelta y desapareció en una nube de humo gris. Gork corrió hacia Pehuen, lo tomó en brazos y con un ademán de su mano le devolvió la vida que le faltaba. El chico recuperó el color de su piel, pero no despertó, seguía internado en su misión encomendada.

En tanto en el Mundo de los Sueños, Pehuen y Ana ven sorprendidos que la extraña silueta desapareció. Pehuen mira extrañado a su amiga. Esta niega con la cabeza. No tiene sentido preguntarse que fue eso. No deben perder tiempo. Deben conseguir cuanto antes el amuleto para no quedar en estado de coma por mucho tiempo.

Siguen su caminata, doblan a la izquierda. Esa dirección los conduce a un lago completamente congelado. Entonces Pehuen recuerda, su primer viaje a ese mundo. El había llegado a esa parte del Mundo de los Sueños. Aunque también recuerda que había tenido que caminar por los aires para llegar a la base de esa gran montaña.
No tuvo tiempo de decírselo a Ana porque ya se hallaban en el borde del precipicio. ¿Podrían caminar por los aires aunque no estuviera Gork?

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